Spanish poem
El Sabio
No, Muley: esa alegría Insensata la bebes en la atmósfera; Desde que en este camarín entraste, En ti de un filtro la influencia obra: Y esa febril exaltación que sientes Ya á llevarte, en las alas vagarosas De una ilusión quimérica, á unos sitios Cuyos sucesos conocer te importa. —Déjame, exclamó Hasán como luchando Con alguna impresión vertiginosa. —Obedece, mortal, exclamó el sabio Con elevada voz dominadora. Magnetizado Hasán desde este punto, Obedeció á su voz como un autómata: —«Siéntate,» dijo, y se sentó: «contempla El agua de esa fuente.» Y en sus ondas Fijó la vista fascinada.—Entonces, Cerrando el caño por do el agua brota Y el sumidero que la taza orada, Posarse el sabio encantador dejóla. Deshízose en el mármol el postrero Círculo que formó su última gota, Y quedó el haz del agua tersa, inmóvil, Reflejando en su fondo de la bóveda Las múltiples labores que, alumbradas Por las lámparas, fingen con sus combas, Ángulos, radios, casetones y arcos, Grupos de casas, árboles y rocas. Sentóse el sabio junto al Rey, y asiendo Su yerta mano y de su oído próxima La boca colocando,—«duerme, díjole, «Duerme Muley, á tu pesar, reposa: »Mas recibe los sueños que te envío »Y dales un asilo en tu memoria, »Para que cuando vuelvas de tu sueño »Recuerdes sus visiones vaporosas. »Sueña, feroz Muley, y mis palabras »De ensueños vagos en quimeras torna: »Sueña que ves debajo de esa fuente »Lo que en tu sueño de mis labios oigas.» Y aquí el encantador encapuchado Comenzó á relatar con voz monótona Una historia, confusa como un sueño, En que un millar de imágenes se agolpa: Vaga, como unos versos sin cadencia, Que parece tal vez que nunca logran En su harmonía dar con un sonido Que con otro sonido corresponda; Historia, en fin, cuyo relato hecho En la inflexión y guturales notas De árabe dialecto, semejaba Al susurro del agua y de las hojas.