Spanish poem
La muñeca
by Vital Aza (1851–1912)
En una noche de Enero una niña pordiosera, con los pies casi desnudos, con las manecitas yertas, cubriendo, a modo de manto, con su falda la cabeza, y sin temor a la lluvia que más cada vez arrecia, contempla, extasiada y triste el interior de una tienda, que por su gusto en juguetes es en Madrid la primera.
–¿Qué haces aquí? le pregunta, con voz desabrida y seca, un dependiente, empujando a la niña hasta la acera. –¡Déjeme usted! ¡Si es que estaba mirando aquella muñeca! –¡Vaya! Retírate pronto y deja libre la puerta. –¿Dígame usted. ¿Cuesta mucho? –¿Quieres marcharte, chicuela? –¿Será muy cara, verdad? ¡Lo que es como yo pudiera!... –¡El demonio de la chica ¿Pues no quiere comprar ella?... ¡Lárgate a pedir limosna! y déjate de simplezas. La muñeca que te gusta vale un duro, con que ¡fuera!
Marchose la pobre niña ocultando su tristeza… en vano pide limosna… ninguno escucha sus quejas… Y desfallecida y débil, cruza calles y plazuelas recordando en su amargura la tentadora muñeca…
–¡Caballero, una limosna a esta pobrecita huérfana! –¡Déjame, que voy de prisa! –¡Por Dios, señor! Aunque sea un centimito… ¡Tengo hambre!... –(¡Pobre niña! ¡Me da pena!) Toma.
–¡Señor! ¡Si es un duro! –Te lo doy para que puedas, siquiera por esta noche, tener buena cama y cena. –¡Déjeme usted que le bese la mano!
–Quita, tontuela. –¡Que Dios se lo pague a usted! ¡Un duro!... ¡Estoy muy contenta!... ¿No será falso, verdad? –¡Cómo muchacha! ¿Tú piensas?... –No, señor… perdone usted… Pero… ¡vamos!... la sorpresa... ¡Si voy a volverme loca de alegría!... ¡Quién dijera! ¡Que Dios le premie en el mundo y le dé la gloria eterna!
Y apretando entre sus manos convulsivas la moneda, corrió por la calle abajo veloz como una saeta.
A la mañana siguiente se comentaba en la prensa el hecho de haberse hallado en el quicio de una puerta, ¡el cadáver de una niña abrazado a una muñeca!