Versos Spanish José Zorrilla 17

Spanish poem

17

by

Listen in the reader

Es una historia tristísima: pasaron tres meses más: Marica y don Juan vivían cada vez con más afán; mas callaban esperando en silencio cada cual algo, que a cambiar viniera su incertidumbre en verdad. Una verdad que no osaban a ninguno preguntar, y que excepto ellos temían que sabían los demás. Las gentes con quienes daban les miraban al pasar y saludaban de un modo que les sentaba muy mal. Parecíales que nadie les daba franca la faz, y que todos la palabra les querían esquivar. ¿Qué había en derredor de ellos? ¿Por qué emanación letal de su palabra el aliento no querían respirar? Y los dos encastillados en su propia dignidad, en su aislamiento esperaban en Dios y en algún azar. Una tarde, ya al crepúsculo, se volvían del breñal a su casa padre e hija, cuando sintieron detrás de sí sobre la calzada, muy sostenido e igual, el galope de un caballo que avanzaba; y a la par echáronse padre e hija, por instinto natural, a la vera del camino para dejarle pasar; pero al conocer, volviéndose, al del caballo, don Juan, de la estrecha carretera el centro volvió a ganar: y al llegar a él el jinete, echando la mano, audaz, a las bridas del caballo, le obligó en firme a parar diciendo: «Pues no se os halla sino por casualidad, no quiero yo perder ésta, señor don Diego.» —¡Voto a…! exclamó el jinete, alzando la fusta para vengar en su atajador osado un atrevimiento tal; mas conociéndole, díjole: «—¡A no ser vos!…» «—Excusad, dijo don Juan, mi mal modo, pero tenemos que hablar.»

Y soltando el de Noriega la brida del alazán de don Diego, así entablaron el diálogo: en que a terciar no llegó, pero sí a oír, Marica; quien, ¡ojalá que no oyera lo que allí oír la hizo Satanás!

D. JUAN. Tres años ha que no entiendo vuestro proceder falaz con nosotros: hay pendiente un compromiso formal entre nuestros hijos: ¿qué es del vuestro? D. DIEGO. ¡Dios mío!, ¿estáis en eso aún? D. JUAN. ¿Cómo no? D. DIEGO. Pues, ¿no sabéis…? D. JUAN. ¿Qué? D. DIEGO. Que está ya hace dos años casado Fermín. D. JUAN. ¡Casado! D. DIEGO. Y no mal: su mujer es propietaria de unas minas que les dan millones: en la parroquia no hay quien no lo sepa ya, y creí… D. JUAN. Pero ¡y mi hija! ¿y su juramento? D. DIEGO. ¡Bah! cosas de chiquillos: eran ambos menores de edad. D. JUAN. ¿Pues no les dimos nosotros nuestro asenso paternal? D. DIEGO. Sin duda: mas vos entonces no les quisisteis casar, y él se fué… e ir le dejamos… y van seis años… y allá hay muchas novias muy ricas…, la cosa es natural. D. JUAN. No, sino villana, indigna, y falta de probidad. D. DIEGO. ¡Señor don Juan! D. JUAN. Mi hija guarda su fe incólume, y a dar me vais razón de una afrenta tan traidora y desleal. D. DIEGO. Pensadlo, don Juan, mejor: si fuera del mundo andáis y no sabéis con el mundo vivir… D. JUAN. Yo sé ser veraz y sostener mi palabra: debíamos esperar, y esperamos. D. DIEGO. Mas seis años…, cuatro sin cartas…, ¿señal no era bien clara de que él lo dejaba caducar todo? D. JUAN. Mientras que conserven ambos prendas… D. DIEGO. ¡Voto a San!, ¿quién había de creer semejante terquedad? D. JUAN. ¿Y quién que fuera el dinero vuestro móvil nada más? D. DIEGO. Mas si vos, señor Noriega, fuisteis el que nivelar quisisteis la hacienda de ambos, y él por eso se fué allá. D. JUAN. Y allá en cuanto vió dinero… D. DIEGO. ¡Y a quién tenéis que envidiar vos ahora, que tenéis más millones que el Sultán! D. JUAN. ¡Aún os mofáis! D. DIEGO. ¿Pues no os trajo el escribano don Blas hoy un pliego? D. JUAN. Nada he visto. D. DIEGO. ¿Por qué vivís junto al mar siempre como las gaviotas? Vaya, en vuestra casa entrad, id lo que os envía Dios por vuestra chica a tomar. El inglés se ahorcó por ella, y en documento legal la deja por heredera diz que de una enormidad. D. JUAN. ¡Estáis en vos! D. DIEGO. Por la chica vais a ser vos un Nabab. ¡Vaya una estrella que tiene! Si queréis, podéis comprar de aquí a Llanes todo el Valle; y si a la corte lleváis a vuestra hija, lo que es novios no la han de faltar.»

Y así diciendo, don Diego, espoleando su alazán, estupefacto dejóle de la calzada en mitad. Había anochecido en esto: y por la mano don Juan tomando a su hija, llevósela: y ella se dejó llevar.