Spanish poem
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LOS EGIPCIOS Desde entonces acá, ¿cuál es la historia del hombre? De sus fastos posteriores hagamos una rápida memoria. Primero, de pastores, pasan a cazadores; luego que se enriquecen, se convierten los fuertes en ladrones; mas, comprendiendo, al fin, que se envilecen viviendo así, de asaltos y rapiñas, en desastrosas y perpetuas riñas, como el lobo, el chacal y los halcones, hechos ya a vida tal, de bandoleros el título ennoblecen, llamándose guerreros, y sus bandas transforman en legiones; y para dar un manto de grandeza a su furia rapaz, una ilusoria razón a su ambición, una irrisoria majestad a su estúpida fiereza, hacen la guerra oficio de nobleza, y decoran su bárbara memoria con el pomposo epíteto de GLORIA.
Levántanse ciudades, conviértense las tribus en naciones; establecen gobiernos, dignidades, clases, noblezas, fueros, distinciones; y hay nobles y villanos, ricos y pobres, siervos y tiranos. Márcanse con fronteras los terrenos, llámanse imperios, reinos, posesiones; mas, ninguno contento con los propios, todos al fin codician los ajenos. Se hacen del oro y alimento acopios, se disputan la hacienda los hermanos; y no acatando nadie los derechos que alegan los demás, con odio insano pasan de las palabras a los hechos, y arman de hierro su homicida mano.
Los anales del mundo, desde entonces, no son más que los nombres de guerreros que dejaron, de mármoles y bronces en monumentos grandes y altaneros, escritos a los siglos venideros los anales nefastos de sus feroces y sangrientos fastos.
Nemrod, Nino, Semíramis, perdida del crimen y los vicios en el cieno, Asur, Salmanasar, Sesóstris, Horos, con la de Faraón raza homicida, de fe y virtud el corazón ajeno, dejan con sangre el Asia enrojecida y el Egipto sembrado de tesoros monumentales; obras de titanes, mas alzadas a costa de la vida, la libertad, el llanto y los afanes de otra raza a su yugo sometida. Brotan, sí, por doquier virtud y ciencia, artes, comercio, industria; flores puras del vergel de la humana inteligencia; pero siempre, al pasar los huracanes de la guerra sobre ellas, las deshojan, y en brillantes fragmentos, detrás de sus ejércitos sangrientos las manos de los héroes las arrojan.
Quiere decir, hablando sin rodeos: que aquellos monumentos colosales, erigidos para útiles empleos, en vez de ser de la razón trofeos, son momias secas y esqueletos feos, que atestiguan no más hechos brutales.