Versos Spanish José Zorrilla 17 (Niña hermosa, me preguntas)

Spanish poem

17 (Niña hermosa, me preguntas)

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Niña hermosa, me preguntas Que quién soy, de dónde vengo, Dónde voy y por qué tengo Lastimado el corazón. Si alegre estoy ¿por qué lloro? Si estoy triste ¿por qué canto? De mis himnos y mi llanto Saber quieres la razón.

¡Alma ingenua! Me diriges A la vez tantas preguntas, Que no sé si a todas juntas Soy capaz de responder; Y son tales todas ellas, Que de hacerlas frente a frente, Todas juntas, solamente Es capaz una mujer.

Mas tú ignoras que es mi alma De tinieblas un abismo, Y que dentro de mí mismo No osé nunca penetrar. ¿Quién soy? ¿Dó voy? ¿De dó vengo? ¿Por qué canto y por qué lloro? Pregunta al viento sonoro Dónde va sobre la mar.

Pregunta a sus verdes ondas De dónde vienen; pregunta Al agua por qué se junta Para hacer un nubarrón: Pregunta quién es al astro Que radia en el firmamento: Pregúntale al sentimiento Por qué hiere el corazón.

Ana hermosa, ¿por qué tu alma Saber todo eso desea? ¿Qué te importa quién yo sea, De dó vengo y dónde voy? Yo soy un ave de paso A quien Dios dio una voz suave. ¿Te gusta el canto del ave? Escucha: cantando estoy.

Pero así como a las aves Ricas, de voz o de pluma, Para que agraden, en suma, Se las labra una prisión, Así a mí pídeme cánticos, Ya que a pedirme te pones: Pero ál tomar mis canciones, Deja en paz mi corazón.

¿Te dice quién es la tórtola A quien tienes enjaulada? No; pero si, preguntada, Te pudiera responder, Te diría: “¿Qué te importa “Oír o no oír mi acento? “Yo soy una hija del viento: “Déjame al viento volver.”

Niña curiosa, en tu vida Preguntes quién es a nadie; Deja a la estrella que radie. Déjale al viento vagar; Deja que el mar en la playa Rompiendo sus ondas siga, Sin que sus ondas te diga De dónde vienen el mar.

Deja alzarse a la neblina Que por la atmósfera sube, Sin preguntar a la nube Por qué revienta en turbión; Deja al poeta y al pájaro Que canten bajo tus rejas, Sin preguntarles si quejas O himnos sus cánticos son.

No busques la causa a nada: La causa de todo es triste: Tú hace poco que naciste Y no lo sabes aún. Goza con todo, y de todo Deja la causa ignorada; Todo viene de la nada: Todo va a su hoya común.

Yo he girado por la tierra Con afán de saber mucho, Y con mi memoria lucho Por olvidar lo que sé; Yo amé lo que mi deseo Hizo mi ídolo, y ahora Conmigo mismo peleo Por olvidar lo que amé.

¿Y osas, niña, preguntarme Quién soy y de dónde vengo, Dónde voy y por qué tengo Lastimado el corazón? ¡Ay! yo vengo de la tierra De la luz y de las flores, Del jardin de los amores, Del país de la ilusión.

Yo vengo, Ana, de la tierra De las tiernas confianzas, De una tierra de esperanzas Para mí sin porvenir; De una tierra donde todo De mi alma a la voz responde Pero de una tierra a donde No he debido jamás ir.

Pasa, pasa, hermosa niña, Sobre estas tristes memorias: No son esas las historias Que tú debes escuchar; Deja que sufras, que tengas Harto el corazón de acíbar, Y tal vez serán almíbar Que su hiel pueda endulzar.

De miserias y pesares Mis memorias están llenas: Historias solo de penas, De misterios de dolor: Y si en vez de mis cantares Te contara sus leyendas, Mis relaciones horrendas Te darían de mí horror.

Pasa, niña, no las llagas De mis recuerdos revoques: Al corazón no me toques, Porque herido en él estoy, pídeme, niña, cantares, Delirios y poesía, Y entonces puede, alma mía, Que averigües lo que soy.

Soy un átomo amante Que voy sonoro Por la atmósfera errante, Dó canto y lloro: Pero mi canto No se sabe si es nunca Cantar o llanto. ¿Quién soy? Lo ignoro. Tengo en mi ser Tinieblas tales, tal confusión, Que a un tiempo siente pena y placer, Ansia y hastío mi corazón. Hoy desdichado, feliz ayer, Jamás descifro mi condición, Y mi voz nunca puedo saber Si es un lamento o una canción. Misterios deben del alma ser: Pero yo de ellos, en conclusión, Solo averiguo que por dó quier Pedazos dejo del corazón. Yo soy como el arroyo: Desde que brota, Por dó vá, en cada hoyo Deja una gota; Que es mi destino Dejar gotas del alma por mi camino.

Yo soy el poeta que canta las flores: Yo cuento a las niñas que mueren de amores Las tiernas historias de tiempos mejores, En una y en otra gentil narración. Yo cuento a los viejos los casos extraños Que en lóbrego olvido caer con los años Dejaron las almas de nuestros mayores, Escasas de fuego, de vida y pasión. Yo soy el poeta, viajero del mundo, Que va recogiendo dó quiera que pasa La historia o conseja que, en campo, o en casa Contar oye al paso donde hace mansión. Yo soy como la hormiga: Dó quier recoge El granillo y la espiga Para su troje: Mas el sendero Deja marcado al paso De su hormiguero. Yo hago una historia de una patraña Que oigo a la ciega superstición Contar al fuego de una cabaña, De un aguacero de invierno al son; Convierto en tiernos cuentos sencillos De los pastores la relación, Y a los palacios y a los castillos Voy a hacer luego su narración. Mas por dó quiera voy anudando Con almas tiernas honda afección, Y por dó quiera que voy pasando Dejo pedazos del corazón. Yo soy como la abeja, Que en los rosales Toma la miel que deja Luego en panales; Y a su colmena Del dulce de las flores Siempre va llena.

Dó quiera que un día mí espíritu mora, Yo soy el consuelo del alma que llora: Yo cierro las llagas que el tiempo no cura Con bálsamo suave de amor y ternura; Yo riego la herida que encona la ausencia De dulces recuerdos de amor con la esencia; Y a mí me confían su afán y sus duelos Las almas que abrigan pasiones secretas A eterno silencio y misterio sugetas, Y a quienes devoran rabiosos los celos; Las almas que viven con esa esperanza Que solo en el cielo muriendo se alcanza; Las almas que, fuertes, sonríen al mundo, Y víctimas caen del duelo profundo Que en ellas infiltra profunda pasión. Yo vivo con esas; yo sé sus azares: Yo lloro con ellas su afán y pesares, Yo parto con ellas su oculta aflicción; Y cuando abandono por fin sus hogares, La hiel de sus penas las vuelvo en cantares, Y mi alma las mando bajo una canción.

Yo soy como las nubes que los vapores Derraman hechos lluvia sobre las flores;

Mi alma es un vaso Que miel vierte en las almas que encuentra al paso. ¿Comprendes, Ana, por qué razón, Átomo amante que voy errando, Por donde quiera que voy pasando Pedazos dejo del corazón? ¿Comprendes, Ana hermosa, por qué mi canto Unas veces es himno y otras es llanto? ¿Comprendes, alma mía, que son las penas Que lamento y que canto mías y ajenas: Que el amor acendrado que en mí atesoro No puede decir nunca si canto o lloro: Y, en fin, que cuando al aire tiendo los brazos Mi alma en él hacia otra se va en pedazos? ¡Adiós! Y a de la mía tienes las llaves: De mi lloro y mi canto la causa sabes; De hoy más no me preguntes quién soy, qué tengo, Dónde voy, ni de dónde cantando vengo. Yo vengo del Oriente Dó nace el día: Yo traigo al Occidente Mi poesía: Y a tus hogares Traigo gloria y ventura Con mis cantares.