Spanish poem
Escena 4
Para el reposo eterno de Tebaldo ya nos abre sus bóvedas el templo, y á dar vamos honrosa sepultura de vuestro hermano á los preciosos restos. Venid, esposa mia!
Venid, esposa mia! Qué pronuncia?
Dios de eterna bondad!
Dios de eterna bondad! Un estranjero! Vengar quereis la sangre de Tebaldo? Sois aliado tal vez de Capuleto, ó sois un vengador que se nos une? Sois deudo de Tebaldo?
Sois deudo de Tebaldo? Soy Montecho!
Montecho vos?… Y aquì, en este palacio un Montecho se alberga!
un Montecho se alberga! Y soy Romeo!
Romeo! Dios!
Romeo! Dios! Pediais mi cabeza… A ofrecérosla, pues, yo mismo vengo.
Y osas pisar, Romeo, esos umbrales? Y no temes, no temes, indiscreto, que despierten tus pasos, de Tebaldo el vengador y ensangrentado espectro? Yo á mi brazo confio la venganza, la muerte te daré.
la muerte te daré. Se pierde, cielos!
Hiere!… no tardes, pues… Aquí me tienes tranquilo el corazon, desnudo el pecho… Hiere sin vacilar. Eso faltaba á tu orgullo español… Heme indefenso sin mas armas en contra de tu espada sin mas armas, sin mas, que mi desprecio.
Mi desprecio, español!—No te lo he dicho, pero lo digo ahora. Te aborrezco!
Don Alvar, detened.—Decid: si un dia, perseguido, sin armas, indefenso, un refugio buscando en vuestra casa se presentaba á vos un caballero, un enemigo acaso, vacilarais… decid, puesta la mano sobre el pecho, vacilarais, don Alvar, un asilo en prestarle seguro?
en prestarle seguro? Oh! no por cierto.
Y si luego os dijeran: Ese hombre, de quien vos vuestrú huésped habeis hecho, mató á vuestro amigo, á vuestro hermano, decid, desnudariais el acero? verteriais su sangre en vuestra casa?
Un hidalgo español nunca en sus hechos desmiente ni la fé de sus creencias ni el nombre que ilustraron sus abuelos. Mas que fuera asesino de mi padre, estando en mi mansion, mi huésped siendo, fuera sagrada para mí su vida, fuera mi casa para él un templo.
Si un hidalgo español tal se portara, una pobre mujer…
una pobre mujer… Oh! lo comprendo.
Un asilo pidió en este palacio… bien hicisteis, señora; yo os lo apruebo, que no cabe el rencor en almas grandes.
Yo salvaré la vida de Romeo, es mi huésped tambien. Nunca han sabido aborrecer los españoles pechos.
Seguidme si quereis.
Seguidme si quereis. Salvó su vida!
No me quiere matar. Le compadezco!