Spanish poem
Escena 3
Y porqué no?—El mundo, que te ofrece esposa y compañera de Romeo? errante proscripcion; de tierra en tierra vagar maldita, sin hogar, sin techo, cual réprobo demente que en sus iras el anatema desafió del cielo… Huir!… huir!… envenenar las flores no mas que con el soplo de tu aliento, y nunca, nunca mas crecer la yerba donde pose una vez tu pié ligero; Á un esposo asesino de tu hermano enlazada con círculo de hierro,
y siguiéndole siempre, como al crimen la sombra del atroz remordimiento!… Tal es tu porvenir, tal tu destino, esposa siendo solo de un Montecho, mas si la mano aceptas de don Alvar un porvenir te aguarda placentero. Libre y feliz y alegre y opulenta, entre bailes y fiestas y torneos, verás rendirse y adorar tus plantas los mas nobles y apuestos caballeros; cantarán tu beldad los trovadores, te rendirán sus cantos por trofeos, por ti correrán lanzas los donceles, vestirán tus colores los guerreros… Abandóname pues. De qué el proscrito puede servirte ya?… Baldon eterno, baldon sobre la frente del esposo que asesinó a su hermano Capuleto! que se vaya arrastrando á luengas tierras su existencia precita; y de Romeo, de Romeo el proscrito, el asesino, borre la estrella vengador el cielo.
Perdon, Señor! del ofendido amante solo á su orgullo esas palabras debo, las palabras de hiel que han desgarrado mi desgarrado ya, mi triste pecho. Yo, mi Dios y Señor, en este mundo pobre y triste y aislada me contemplo, pobre mujer de porvenir aciago, pero rica, Señor, en juramentos; juramentos de amor y de ternura trocados ante el ara de tu templo, perlas hermosas de un collar de amores en mi vida engastadas por el cielo. Piedad, Señor! Perjuro y descreido, si él sus protestas olvidó soberbio, feliz ó infortunado, yo á su vida enlazada por siempre me contemplo, y aunque infame y perjuro y asesino, asesino y perjuro… yo le quiero!
Perdónale á mi amor esas palabras que inventó la injusticia de mis celos… Si tu hermano cayó, cayó lidiando, en buena lid, cruzados los aceros, y frente a frente como cumple á un noble; y aunque tu hermano fué, sábelo el cielo! su muerte fué la paga de un insulto, que nunca en vano se insultó á un Montecho. Si enemigas las leyes de Verona mi frente marcan con oprobio eterno, si á empezar mi existencia de proscrito perseguido por ellas me condeno, tú Julieta, la vida de mi vida, el deseo que incita mis deseos, tú conmigo vendrás, y errantes, solos, peregrinos de amor, caminaremos teniendo por palacio el ancho mundo, por tálamo nupcial el duro suelo, por techumbre la bóveda celeste y del proscrito el pan por alimento.
Cielos!
Cielos! Quién es?
Cielos! Quién es? Don Alvar!—Huye, esposo!
Esconderme otra vez!
Esconderme otra vez! Ah! ya no es tiempo!